27 septiembre 2010

El intelectual fantasma

Hoy toca dar palos a uno de esos escritores que el tiempo va otorgando cierta aureola casi mítica y que hagan lo que hagan, o digan lo que digan, siempre parecen tener el aplauso de los palmeros de turno. Se trata de Antonio Muñoz Molina. Ya sé que este post no me va hacer muy popular entre algunos de mis amigos/familiares. Pero si no lo escribo, reviento.

No tengo demasiado que opinar sobre su obra literaria que no he seguido por auténtico desinterés (sé que no está de moda reconocer que uno no lee nada de ciertos autores, pero desafío a quien sea a que por cada autor que para él sea imprescindible yo pondré encima de la mesa otro que para mí ha sido fundamental y él no ha leído una sola línea), pero en cambio sí puedo decir que he sido asiduo lector a sus aportaciones en prensa, a sus ilustradas opiniones sobre educación, política o sociedad. Todavía recuerdo el amarillento artículo que hace años anda recuadrado en cierto despacho de la casa materna, y que habré leído una decena de veces buscando la clave que lo hace tan especial para ser encumbrado al medallero familiar. Seguiré intentándolo. Seguro que el problema es mío.

La última aportación de nuestro magno escritor es un artículoescrito en el instante” sobre la huelga general. Intentaré diseccionarlo para que lo comprendan mejor.

Estoy cenando esta noche con Elvira en uno de nuestros restaurantes favoritos de Madrid, La manduca de Azagra, por gusto de celebrar el entusiasmo con que tantos lectores han recibido ya su novela

La primera en la frente. Llevo años aguantando con sopor y hastío como Elvira y su santo, el santo y Elvira se promocionan el uno al otro en artículos infumables donde lo más destacable es que además, pretenden hacernos creer que ambos son muy independientes y no se necesitan el uno al otro. Sobre lo de aprovechar para hacer publicidad ¿gratuita? del restaurante de turno…

Me gustan muy poco los manifiestos. Y menos todavía me gustan los manifiestos de personas que se conceden colectivamente a sí mismas el calificativo de intelectuales

¿De dónde se saca AMM que los firmantes del manifiesto (a favor de la huelga) se autodenominan intelectuales? De nuevo se plantea la problemática posmoderna de la necesidad o no del intelectual. Ahora gusta más hablar del francotirador, del independiente lúcido ajeno a toda causa que pontifica desde su púlpito. Sin mojarse jamás. O no demasiado. En todo caso sería un problema de los sindicatos, que como no saben cómo gestionar el apoyo de los “famosos de la cultura” recurren a terminología de otra época y simplifican el asunto denominándolos “intelectuales”, porque no creo que yo que tipos como Rafael Reig (firmante del manifiesto) vayan por la vida presentándose con un: “aquí, don Rafael, escritor e intelectual, a su servicio

Nadie me ha pedido mi apoyo para la huelga general. Nadie me ha preguntado lo que pienso de ella. Pero ya puestos, no tengo reparo en decirlo. No me parece oportuna, no creo que vaya a servir para nada

Aquí empieza el meollo de la cuestión, el análisis profundo del intelectual que no quiere pertenecer a un colectivo de ellos pero que, en el fondo, gusta de ejercer (pobremente) como tal: “la huelga no es oportuna”. Vaya por dios. Es inoportuna. Profundo análisis y extraordinaria argumentación. Los que la vamos a hacer tendremos que pedir perdón a AMM por nuestra mala educación. Con lo que me molesta a mí ser inoportuno. Claro, que a lo mejor no se ha leído la reforma laboral que el gobierno socialista ha aprobado. Ni lo de las pensiones, ni lo de la rebaja indiscriminada de sueldo a los funcionarios, ni lo de los millones de parados que tenemos. O igual le parece bien. O intrascendente. Al fin y al cabo no creo que a él le vaya afectar demasiado. “No va a servir para nada” Por lo tanto para qué luchar por algo que parece justo. Menuda chorrada, mejor callarse y aguantar. Sabemos que esta huelga está medio pactada entre gobierno y sindicatos. Sabemos de la miseria de estos últimos y de su apoltronamiento en el poder. Y qué decir de los socialistas que agachan la cabeza ante el Mercado y no tienen ni la decencia de aparecer en público y decirnos la verdad del porqué de sus políticas liberales. Pero como siempre digo a quien me quiere escuchar, una convocatoria de huelga es una oportunidad para dar un puñetazo en la mesa y demostrar el poder (que no ejercemos nunca los trabajadores) de paralizar un país, al menos como advertencia de que no nos gusta que nos sigan jodiendo desde todas las trincheras.

No me pareció justa la huelga del metro de Madrid, que sólo sirvió para atormentar más a mucha gente trabajadora ya maltratada por la crisis y por las medidas de austeridad del gobierno. ¿Dónde estaban los líderes sindicales del metro de Madrid cuando les rebajaban el sueldo a profesores, a médicos, a enfermeros, a policías, a guardias civiles?

Ante este argumento sólo se puede expresar un profundo desprecio. Es triste observar la desconexión del “intelectual fantasma” de la realidad social laboral del día a día. Claro, que habría que saber cuando fue la última vez que AMM cogió el metro. Sigamos la línea de razonamiento: la empresa decide rebajarte el sueldo porque le sale de las narices, incumpliendo todos los convenios firmados, actuando como si fueras funcionario para realizar los recortes pero sin tenerlo en cuenta para tus derechos laborales, y lo único que puede pensar el señor es en el “tormento de la gente trabajadora” (¿qué tormento? ¿llegar a tarde a trabajar?). Porque los del metro no son trabajadores, ya se sabe. Son alienígenas. Pero la realidad es otra, esto tipos tienen sueldos decentes, sin más, no eran controladores aéreos defendiendo privilegios, eran tan sólo trabajadores defendiendo sus derechos. Aclaremos un poco más las cosas: la tremenda campaña mediática para denigrar y desacreditar la huelga del metro de Madrid debería servir al conocedor de las relaciones de las grandes empresas periodísticas con el poder para reconocer que estuvimos ante una situación excepcional: la primera vez en muchos años que en España unos trabajadores organizados en defensa de sus intereses y con capacidad de lucha demostraban que no es tan fácil humillarles e imponerles medidas lesivas para sus derechos cuando se organizaban e iban todos a una. Pero el final del extracto destila una demagogia que no sería decente por mi parte ignorar: “¿Dónde estaban los lideres sindicales del metro cuando les rebajaron el sueldo a los funcionarios?” ¿Y dónde coño estaba usted, señor Muñoz Molina? ¿Cuáles fueron sus aportaciones a la huelga de funcionarios del 11 de junio? Cuando los funcionarios fueron a la huelga los de metro no los apoyaron (del mismo modo que sucedió a la inversa en la huelga de Metro) porque no estaban convocados por los sindicatos. Porque éstos fueron tan idiotas (o interesados) como para convocarnos por turno, segmentando las luchas e impidiendo el apoyo de unos a las causas de los otros. Y porque todavía no hemos articulado mecanismos del siglo XXI para organizar protestas laborales ajenas a los sindicatos (entre otras cosas porque se considerarían ilegales) Por eso es tan importante la huelga general. Por eso es tan triste su presumible fracaso.

" Los sindicatos no levantaron la voz en todos estos años en que se generalizaba en España un mercado de trabajo desigual e injusto, un modelo económico y educativo que nos llevaba derecho al callejón de salida tan difícil en que nos encontramos ahora […] Quién decía algo en esos tiempos en los que la crisis ya estaba golpeando y parecía que llamar la atención sobre ella era hacerle el juego a la derecha? ¿Quién levantó la voz por el escándalo de medidas tan despilfarradoras y electoralistas como el cheque bebé y los 2.500 euros de regalo fiscal? ¿O cuando ya en plena recesión se tiraron miles de millones de euros en levantar aceras y en cambiar estatuas de sitio? ¿Era justa una medida que afecta igual a quien gana el salario base y a quien tiene un sueldo de alto ejecutivo?

El ejercicio de demagogia parece no tener fin. Desde siempre las medias verdades han sido la mejor manera de mentir de manera interesada, de manipular para lograr hacer pasar por lucidez lo que no es más que pura impostura. Para finalizar AMM se desahoga utilizando argumentos populistas que tratan de culpabilizar al gobierno socialista del situación de crisis que atravesamos, y para ello nada mejor que hacerlo a costa de algunas de sus medidas sociales. Y no podemos obviar que lo que dice no es mentira: las medidas que menciona o fueron fallidas (plan E) o electoralistas y despilfarradoras (cheque bebé), lo que sucede es que son mucho más importantes y significativas las otras medidas, las que no menciona, las que no parece dar importancia, que provienen de gobiernos anteriores y fueron continuados por éste, como son las desgravaciones a la vivienda y la especulación inmobiliaria, o que la mayor parte de nuestro déficit público surge de la provisión de fondos que hubo que hacer al mundo financiero para que sobreviviera a costa de nuestros impuestos, tras ser el germen de la crisis con su capitalismo de casino. No deja de ser curioso como en el último año cada vez se habla menos de esas millonarias ayudas públicas que hicieron los gobiernos occidentales (hasta ahora a fondo perdido) y que son las que han puesto nuestras economías al borde del precipicio, y se habla más de los gastos públicos en otros terrenos que, casualmente, ahora hay que reducir: pensiones, costes laborales, educación…

Y por eso la huelga sí es necesaria. Y no sólo contra el gobierno de Zapatero y su miserable reforma laboral, y la congelación de las pensiones, y la reducción de sueldo de los funcionarios, y la incapacidad de dar una respuesta desde la izquierda a su electorado tocando la fiscalidad de los que más tienen (y no a través del IRPF, precisamente)… Sino también contra las políticas económicas liberales que nos han traído hasta aquí. Por eso este día también hay movilizaciones por toda Europa de las que no se habla. Porque el problema actualmente es que los trabajadores no están representados ni por partidos ni por sindicatos, y mientras Forbes nos cuenta que los más ricos han visto aumentar su capital en medio de la crisis, a los demás no sólo parece que nos toca jodernos sino que también se nos pide que callemos y traguemos. Porque el momento, para algunos, no es el oportuno. Manda cojones.

22 septiembre 2010

¿Dónde coño están?

Se quejan. Continuamente. Suelen esperar a la hora del café. Son profesores de educación secundaria. Son funcionarios, gestores fundamentales de la educación pública. Se quejan. Continuamente. Con razón. Con tanta razón. La educación pública en Madrid se está muriendo. No. Miento. La están matando. Sigo sin decir toda la verdad. La está destruyendo el PP de Esperanza Aguirre. De manera sistemática. Hablemos claro, sin paños calientes. Pero no hay respuesta. Sólo gemidos victimistas y apelaciones continuas a la mala labor de los sindicatos. Y estoy de acuerdo, está claro: no lo han hecho bien... ¿Y?

Hoy de nuevo concentración para hacer públicas nuestras reivindicaciones. Que debieran ser de todos: defender una educación pública de calidad. No hay padres. Tampoco apenas profesores. Cortamos la calle. Damos pena. Somos tan pocos. Allí estamos. Tanta pena. Rozamos lo patético. Pero tenemos razón. No es suficiente. Es un problema clásico de física. No tenemos la masa crítica suficiente. ¿Cuándo coño los profesores se van a responsabilizar de su labor social y entender que deben dar un paso al frente? Somos los únicos que sabemos de verdad la apocalíptica situación de la educación pública madrileña. Los demás sólo lo intuyen. ¿Dónde estaban mis compañeros? ¿Que era tan importante para ellos esta tarde que impedía su presencia? Siempre hay excusas. Somos tan listos. Tan lúcidos: no hago huelga de un sólo día. No hago concentraciones que no signifiquen huelga. No hago huelgas que impliquen concentración. No hago huelgas que no sean indefinidas. No hago paros parciales. No le hago el juego a los sindicatos. No le hago el juego a la Administación. Me explico. Os explico: no hago nunca nada pero en todo momento explico a todos cómo deberíamos hacerlo. Tomando un café. Con gesto serio y constreñido. Así de listo soy. Para eso tengo una carrera. Así de lúcidos son mis compañeros. Qué envidia. Cuánta personalidad.

Y mañana volveremos a los institutos. Con grupos de 37 o 40 alumnos. Sin refuerzos, sin desdobles. Con jornadas paciales. Con profesores de Inglés dando Francés. Con profesores de Historia dando Economía. Con profesores de Física dando Biología. Creando guettos de inmigrantes en las aulas para que no tengan ninguna oportunidad. Asumiendo toda la carga que supone la escolarización del 100% de la población sin recursos. Pero no pasará nada. Porque nunca pasa nada. Al fin y al cabo somos bilingües. Y tecnológicos. Y está la concertada para salvar a nuestros hijos. Y siempre nos quedará la hora del café. Para seguir quejándonos. Con pasión. Hasta que toque el timbre y consigamos huir.

Sin mirar atrás.

01 septiembre 2010

El suicidio de la SER (y 2)

Una vez consumado el expediente a Paco y la suspensión de empleo y sueldo (que la final sería despido) internet fue un hervidero de información. Yo no había visto nunca nada parecido respecto a un evento como éste, en principio menor. El periodista, convertido en noticia, comenzó a ser objetivo de confidenciales y carne de redes sociales como Facebook y Twiter. Por un lado en Facebook se abrieron al menos una decena de página para apoyar a Paco y, ya de paso, despotricar contra Anido y De la Morena (que pasaba por allí y sobre el que ya no se oculta la animadversión que sienten por él muchos de los que fueron sus fieles oyentes) hasta que la selección natural unió a casi todos los admiradores de Paco en una página de apoyo común que además de reforzar la sensación de desamparo por la pérdida de un amigo de las ondas, sirvió para que sus seguidores se organizaran y recogieran la información y los enlaces mediante los que nos informábamos casi hora a hora sobre cómo se desarrollaba la historia (antes incluso que las propias empresas radiofónicas pudiesen informar de manera oficial). Lo único parecido que había visto, aunque a pequeña escala, fue la retransmisión mediante Twiter (recogido pos algunos periódicos digitales) de los despidos de ese proyecto que nació fracasado que fue Factual y donde los periodistas, en ese interregno laboral en el que pertenecían a una empresa que había decidido mandarles a la calle de mala manera, recobraron parte del ímpetu sometido y narraron en primera persona sus reuniones con la persona que se encargaba de comunicarles su despido, utilizando el sarcasmo y la mala leche en sus descripciones.

Volviendo al tema de la SER hay que incidir también en el papel que jugó el Twiter personal de varios periodistas, ya que muchas de las informaciones (directamente o mediante alusiones) surgieron precisamente de gente como Juanma Castaño, Trecet o Pedrerol que por diferentes motivos se vieron con la libertad de contar detalles del culebrón. Los internautas en apoyo a Paco se autodenominaron “los limones” y consiguieron que mucha gente del equipo de Paco que seguían aún trabajando en la SER los citaran subrepticiamente, como un guiño privado de que apoyaban a su jefe, a pesar de los histéricos intentos de la dirección de la cadena por cortar ese tipo de muestras de apoyo (que por otro lado nos debería hacer reflexionar sobre el grado de sometimiento que vivimos bajo el yugo del sistema liberal , así como la poca práctica que se tiene a la hora de emitir opiniones libres, para que lo que no deja de ser casi un juego infantil en comparación con actuaciones similares en tiempos de guerra o dictaduras fuera jaleado con enorme excitación por los jóvenes seguidores de Facebook). Fue durante esos días cuando, en un movimiento penoso y patético, la SER llegó a cortar incluso los canales de comunicación habituales con sus oyentes en los siguientes carruseles o en su página web, y censuró las opiniones enviadas a otros programas de la cadena que recibían avalanchas de mensajes comentando el asunto.

Lo demás ya es conocido: Paco González empezó a deshojar la margarita, las ofertas llegaron desde todos los sitos posibles y, en mi opinión, su destino natural hubiera sido tal vez Onda Cero, pero al parecer sólo le ofrecían el puesto a él y a unos pocos más, Y Paco, arrastrado por la marea y en plan mesiánico seguía imponiendo como condición indispensable que todos aquellos miembros de su equipo que se quisieran marchar con él tenían que tener acomodo en su nuevo destino, reduciendo por fin las posibilidades a una única cadena, desesperada como estaba por recuperar relevancia, oyentes y anunciantes, por lo que en un nuevo golpe de timón como sólo los curas saben hacer y vender, la COPE echó sin contemplaciones a José Antonio Abellán (que era jefe de deportes de la cadena y único superviviente de la época dorada Losantiana) y abrazó sin complejos a unos periodistas con los que espera volver a triunfar.

¿Y por qué tal revuelo por unos periodistas que en principio son de un escalón menor en la profesión por ser deportivos? ¿A qué viene tanto jaleo, dirán algunos? Pues muy sencillo. El primer motivo es tal vez a priori el más importante: económico. Este movimiento tan brutal de profesionales de una radio a la competencia genera una incertidumbre en un sector que no se puede olvidar que vive de los anunciantes y, desde hace años, en permanente crisis. Se estima que el Carrusel, mientras estaba comandado por Paco González y Pepe Domingo Castaño, facturaba un treinta por ciento de la publicidad de la SER. Y eso es mucho, mucho dinero (no es casual que tanto en la SER como en la COPE abrieran el sábado sus programas deportivos haciendo una lista de manera orgullosa y ¿temerosa? de las empresas que seguían con ellos). Ahora todo el mundo esperará los primeros EGM (que, a pesar de que esté más que evidenciada su incapacidad para mostrar la realidad de las audiencias, sigue siendo el termómetro por el que se mueven los contratos publicitarios en la radio española) para comprobar quién es el ganador de esta cruenta batalla que puede dejar todavía muchos más cadáveres por el camino.

Hasta ahí el motivo económico. Muy importante, claro. Pero por sí mismo no lograría explicar la magnitud del ruido mediático montado. Hay otro motivo que para mí es fundamental: el sentimental, lo emocional. Parece que la SER ha minusvalorado la importancia de este motivo refugiada en su prepotencia y en su orgullo de marca. Le puede costar caro. La SER siempre se ha mostrado orgullosa de que los oyentes la elegían a ella por encima de sus estrellas: se fue Sarda y llego Nierga y La ventana continuó siendo líder, murió Llamas y llegó Barceló y Hora 25 siguió comandando las noches políticas radiofónicas; se fue Gabilondo (quizás la despedida que se esperaba mas traumática) y llegó Francino y la SER continuó liderando sin discusión las mañanas…. Podrían tener derecho a pensar que sin Paco y Pepe Domingo (¿y sin Lama?) la marca Carrusel continuará arrastrando a unos oyentes que seguirán fieles a la cadena que les da de comer ideológicamente. Viendo lo visto parecería que no les falta razón para pensarlo pero… Yo creo que se equivocan. No tienen en cuenta que estamos hablando básicamente de fútbol, y en este terreno el componente ideológico, tan importante en el mantenimiento de las audiencias en el resto de la programación, se diluye enormemente. Está más que demostrado que la pasión por el fútbol y su seguimiento no es racional, y desde luego mucho menos ideológico (en términos de trincheras, claor, si hablamos de lo del opio del pueblo y demás entraríamos en otra discusión...). Un ejemplo lo podría estudiar la SER investigando en su propia historia. La cadena de PRISA cedió el liderazgo en deportes durante muchos años después de que José María García abandonara la cadena a principios de los 80 para formar parte del ese proyecto que parecía imposible y terminó haciéndose realidad que fue Antena 3 radio, y durante más de una década lideró sin discusión las ondas deportivas hasta que la SER, tras una larga travesía del desierto, reinventó el modelo deportivo radiofónico y con una plantilla de jóvenes periodistas liderados por De la Morena y Paco González consiguió revertir la situación (ayudada por el antenicidio del 92, claro está). ¿Cómo lo consiguieron? Convenciendo a la audiencia de que el fútbol no era espacio para la ideología, ni para la política, que el periodismo deportivo tenía que abandonar el terreno de la denuncia y la investigación y centrarse en moldear los sueño y las pasiones, en ofrecer un espacio libre de tensiones al oyente, sólo discusiones artificiales y buen rollo, un Brigadoon sentimental donde encontrar noticias blancas y entrevistas hueras, donde evadirte de la realidad, emocionarte gratuitamente y no complicarte la vida. Y triunfaron. Apabullaron. Conectaron a la perfección con lo que demandaban las nuevas generaciones que ya en lo 90 estaban hartos de sus padres y de la vieja escuela, más huraña y guerrillera, que representaba un tremendamente gastado y desprestigiado García, y plantaron la semilla de lo que es hoy la enorme y profusa selva que significa en los medios el periodismo deportivo, ése que llena horas y horas de radio y televisión, páginas y páginas de periódicos tradicionales y digitales sin ofrecer apenas nada de información, jugando a un sensacionalismo light y derivando en una enorme y continua tertulia de forofos de bar que raya en demasiadas ocasiones lo impúdico.

Pero en este panorama putrefacto lo cierto es que Paco y Pepe Domingo consiguieron que su Carrusel apenas se viera contaminado por la enfermedad general. Evidentemente nunca mintieron y se atuvieron a la idea original: diversión, espectáculo y felicidad, sin complicaciones, pero año a año consiguieron que todos los que los escuchábamos los adoptáramos, los hiciéramos de la familia, perdonáramos sus defectos (qué pesado puede ser el Poli y que estridente Tomás Guasch) y valoráramos su evidentes virtudes (ritmo, pasión, entretenimiento…). Y con eso no se juega. Son de los nuestros y hablamos de fútbol. ¿Cuál sería la razón para que la audiencia no marchara tras ellos? La SER juega con la ventaja que le da el hecho de que finalmente hayan fichado por la COPE porque a cierto oyente le va a ser muy difícil sintonizar la radio de los curas y aguantar su línea editorial en los intermedios y previas de los programas. Ya veremos, yo por mi parte lo tengo claro: cuando empiece el próximo partido silenciaré el televisor, encenderé la radio, conectaré la COPE y escucharé el “hola, hola...” de Pepe Domingo. Sabré que estoy en casa.

31 agosto 2010

El suicidio de la SER (1)

Gracias Dani, por darme una excusa con la que volver

Apasionante. Es lo primero que se me ocurre para definir lo que ha sucedido este verano y ha terminado con el trasvase de casi cincuenta periodistas y colaboradores deportivos (a la espera de algún peso pesado más) desde la SER a la COPE. Apasionante para los que desde hace muchos años intentamos profundizar en las cloacas de los medios de comunicación para intentar descubrir rastros de verdad en aquello que nos cuentan. A estas alturas no voy a aburrir haciendo sólo una crónica de lo sucedido, es fácilmente rastreable por la red a partir de ese 12 de mayo en que los habituales del Carrusel de la SER descubríamos sorprendidos que Paco (González) no se encontraba al frente de su equipo para retransmitir la final europea de Atleti. Y nos descubríamos además tontamente estafados, desorientados, como si Paquito fuera uno de los nuestros, alguien que siempre iba a estar ahí, en la SER, haciéndonos pasar un rato divertido, y no un periodista a sueldo de una empresa periodística (como tantos) y sujeto como todos a la precaria estabilidad laboral y profesional que el mercado nos hace disfrutar. El enfrentamiento de Paco con Daniel Anido y otros jefecillos de la SER a cuento de cómo sería el  Carrusel del Mundial (impidiendo que el equipo se desplazara  en la primera fase al menos a Sudáfrica y obligándole a hacer un a gira por una serie de establecimientos de Carrefour para retransmitir los partidos de España) fue el detonante final para dinamitar una situación que era cada vez más insostenible y venía de mucho más atrás. El expediente a Paco, que lo apartaba temporalmente (hasta que fue definitivo) de su puesto de trabajo por presunta indisciplina no fue más que la última batalla de una guerra a tres bandas que de manera soterrada se había venido produciendo en Gran Vía 32, desde hacía mucho, mucho tiempo. Por un lado habría que hablar de la difícil relación de Paco (y en general del gran parte del equipo de Carrusel bajo la dirección de Paco) y De la Morena. Desde hacía muchos años era conocido el enfrentamiento entre las dos figuras del deporta en la SER. Los dos se sentían con fuerza, con las espaldas muy bien cubiertas por audiencias millonarias y, con el tiempo, sus relaciones se habían deteriorado hasta tal punto que parecían comandar dos equipos de deportes diferentes dentro de la misma cadena. Con los años lo que había sido un equipo joven y cohesionado que se hizo fuerte y solidario en el enfrentamiento titánico de mediados de los 90 con José María García, se empezó a hacer pedazos justo cuando sus estrellas tuvieron que gestionar la incontestable victoria y el liderazgo en la radio deportiva española. Las rencillas, los egos y los celos comenzaron a aparecer y los bandos se terminarían por definir con el tiempo. Sólo desde esta perspectiva se pueden comprender los enfrentamientos de De la Morena con Pepe Domingo Castaño (que dejó de poner su famosa rúbrica a El larguero para ser sustituido por un menos incómodo Juanma Trueba) o el destierro interior de José Antonio Alcalá (nuevo presentador del programa nocturno deportivo de la COPE) que tras ser quemado por De la Morena en cruentas guerras contra Clemente y la Federación sus continuos piques (incluso en antena) con el propio Joserra terminaron casi con su presencia en los micrófonos de la SER, apartado y ninguneado, sólo protegido por Paco y su Carrusel. Estos enfrentamientos internos del equipo de deportes imagino que ayudaron a la bunkerización del equipo de Carrusel dentro de la SER en torno a la figura que los protegía contra viento y marea (Paco) en un proceso que empezó a disgustar profundamente a los jerifaltes de la cadena. Una cosa es obvia: el Carrusel se había convertido en un show, un espectáculo radiofónico, una fiesta de amigos, cuya excusa era el fútbol pero en el que lo que menos importaba muchas veces era el propio partido que retransmitían. Esto se hacía patente sobre todo en la ya famosa primera hora del Carrusel de los sábados (libre, excesiva y a veces extraordinariamente brillante), en los partidos amistosos de la selección donde el único interés consistía en la brillantez de la pullas entre los distintos miembros del equipo que parecían ejecutar a la perfección una serie de roles para delicia del oyente cómplice al que se le permitía participar en la juerga a través de mensajes de móvil y, sobre todo, en las retransmisiones de la Superbowl que se convirtieron en un  auténtico desfase incontrolable. Y el tiempo pasaba, y el Carrusel, y Paco, hacían lo que les venía en gana sin tener en cuenta quejas de oyentes ofendidos por algunas de sus chanzas ni las advertencias de los de arriba para que moderaran el tono de sus retransmisiones. Se sentían invulnerables. Estaban en un error. La situación se fue enquistando y tras un extraño movimiento el verano pasado por el cuál Paco negoció con la COPE el desembarco de todo su equipo (y que finalmente fue abortado por diferentes causas), al ambiente se tornó casi irrespirable. Iba a hacer falta poca cosa para que todo explotara y, lógicamente, termino sucediendo. En primer lugar una de las almas de Carrusel, Jorge Hevia, fue suspendido de empleo y sueldo, por despreciar a antiguos anunciantes de la cadena en antena en la retransmisión de este año de la Superbowl. Como espectador de la historia, como oyente, reconozco que me he reído a carcajadas con ese momento de radio fantástico, descojonante y descocado, donde un oyente hace por un momento de periodista mediante un mensaje y los periodistas olvidan quien y qué les permite su sueldo, dejándose llevar, y actuando como un grupo de amigos que se reúnen y despotrican de las exigencias idiotas de su trabajo. En este enlace, se escucha como Hevia arremete contra las encimeras y el tractor que Pepe Domingo Castaño se tirara años publicitando como si fueran lo mejor del mundo, en lo que era un magnífico ejemplo de cómo un publicista se atreve con todo y puede vender las cosas más inverosímiles. Ese fue uno de los puntos de inflexión. En otros tiempos el asunto se hubiera arreglado con una bronca privada y una disculpa pública pero parece que por fin la cadena decidió cortar las alas al excesivamente libre Carrusel de Paco y dar ejemplo de quien mandaba en la cadena con la defenestración de uno de los periodistas más queridos por el equipo. Las relaciones se deterioraron entonces todavía más y la crisis además puso encima de la mesa otros problemas: la SER (que ahora ataca a la COPE de manera indecente e infantil por “robarles periodistas”) arrastra consigo la crisis que ya parece eterna de PRISA (y que en mi opinión terminará con la PRISA que conocemos y hará que deje de estar en manos de los Polanco) y con la excusa de la crisis global quiso hacer recortes en la plantilla estable del Carrusel. Por lo que se cuenta (es imposible de verificar pero nadie de la SER lo ha desmentido y ello es sintomático) el propio Paco accedió a bajarse sus sueldo para que ninguno de sus compañeros se viera en la calle (cosa que si fuera cierta supondría un principio de subversión capitalista a tener en cuenta en toda esta historia) y con eso y su carisma personal consiguió (imagino que dándose cuenta) una posición de superioridad moral entre sus compañeros que arrastraría consigo el día de la ya famosa reunión con Anido que desembocaría en su despido. Lo demás, no por ser conocido no merece otra reflexión.

Continuará

26 julio 2010

Derrota

La derrota. Hacía muchos años sin su amargo sabor en mi paladar. Lejos queda el muro mecánico que el tipo del jersey rosa me impusiera el segundo año de carrera, mientras andaba enzarzado en aquello de la matanza del padre al tiempo que, sin remordimientos, dirigía mi nave hacia donde cantaban las sirenas del placer, alejándome de la travesía prefijada por ese otro yo, que parecía guiarme hacia los mares tranquilos de los estudios, la autodisciplina y la aburrida sensatez. Lejos quedan también las derrotas infligidas por las malditas enfermedades que devoraron familias e ilusiones justo cuando alzaba el vuelo final y marchaba hacia la ciudad telúrica, aquélla en la que sólo faltaba yo, como me cantaba por entonces Sabina. La balsa se deslizó durante años sobre el aceite de los proyectos cumplidos, los retos superados, y la satisfacción constante, sin acercarme nunca al abismo del fracaso, en plenitud, sin cadenas, ni obligaciones. Nunca fui tan libre como cuando nada tuve ni nada esperé tener. Pero los retos superados siempre significan nuevas sendas que transitar, sendas que me devolvieron al mundo, a aceptar evaluaciones externas, a volver al redil. Y sin notarlo, sin darme cuenta, desbrocé el camino, abrí la ruta para que pudiera regresar a buscarme, posibilité su llegada: la derrota me alcanzó, me arrasó, dejándome a un lado del camino, paralizado, sin saber qué hacer ni cómo responder, perdido, aturdido. Y sin entender que lo peor aún no había pasado. Detrás de ella caminaba despacio, sin prisas, lasciva y decadente, su eterna compañera: la angustia, tan olvidada en mi memoria que era casi irreconocible; por ello, mucho más peligrosa. Pero ella sí me conocía, venía en mi busca, era su objetivo, y se paró justo delante de mí. Intenté no mirarla de frente, evadirme de ella, lo intenté todo... inútilmente. Al levantar finalmente la mirada la vi frente a mí, con una sonrisa sardónica atravesando su rostro, poderosa, ofreciéndome su mano y su pecho, una mano que no pude rechazar, un abrazo que no supe evitar...

Perder el momento, la oportunidad, la posibilidad de seguir creciendo sin parar en aguas estancadas. Tanto tiempo después, la derrota y la angustia me esperaban agazapadas, entre los recovecos de mi cabeza, ésa que nunca para y analiza sin descanso todas las posibilidades, las malas decisiones tomadas en los cruces de caminos, ésas que sólo después se descubren como erróneas; la equivocada seguridad de sentirse seguro, de victoria en victoria hasta la derrota final. La tristeza, el desconcierto. La extrañeza que generan los arrebatos de angustia que me exilian del mundo, del lugar y el tiempo donde estoy, y me arrastran al infierno interior donde el peor juez posible, yo mismo, sentencia siempre en mi contra y ofrece mi cabeza en una ceremonia de purificación tribal.

Sólo queda resurgir, sólo eso me queda, pero mientras tanto me arrastro entre los restos de ese otro yo quebrado, analizando en los ratos de lucidez cuál será en esta ocasión la mejor manera de seguir adelante, de renacer, de no caer en lo que tantos auguran. Siempre, en estas ocasiones, recuerdo a Umbral citando a Baudelaire: “ser sublime, sin interrupción”. Lo demás es dejar pasar el tiempo, lo demás es perder. No es mi intención. Todavía no.

13 julio 2010

Reconectando

Volver a lo que de verdad importa. Volver escapando del agujero temporal. Escapar volviendo a aquello que me hace feliz… Por fin, surgiendo de la nada, aparece radiante y seductora una tarde sin tensiones o responsabilidades, para ser libre, otra vez, como tantas veces... Y la sigo a ella, tan loca, cálida y espléndida como siempre; la sigo por las calles de Madrid en busca de unos chavales que han conseguido lo que todos soñamos cuando fuimos niños, cuando la noche invadía nuestras cabezas y en ese estadio repleto cogíamos el último balón, en el último minuto y las horas de calle, de partidos eternos, de frustraciones, alegrías y risas nos convertían en los gladiadores modernos que levantaban los brazos disfrutando del inalcanzable triunfo… Y mientras el alcohol se desliza suavemente por mi cuerpo reconquistando antiguas fortalezas abandonadas durante meses, siento como vuelve la sensación del verano, el largo y cálido verano, el verano que cura heridas y reabre posibilidades… Y me siento tan jodidamente bien…

28 junio 2010

Tontolabas

Aparecen como setas. Están por todas partes. Proliferan especialmente en televisión. Pero también los ves en el metro, en el bus, por la calle. Nos invade una nueva generación de tontolabas. Heredera de otras en la historia. Desde el principio de los tiempos. Su idiocia me molesta, y me culpo por ello porque no debiera, al menos la suya no hace daño, salvo a la inteligencia

Estoy hablando de los portadores del plástico. Sí, de esos que llevan esas pulseras horteras de plástico cuyo precio de fabricación no debe superar los veinte céntimos y que están arrasando entre los tontolabas de este país. Se gastan cuarenta o cincuenta euros en una pulsera de plástico de colores chillones con un ¿holograma? que al parecer emite ¿frecuencias? que ¿reaccionan positivamente con el campo de energía del cuerpo?

Evidentemente es mentira. Tan sólo hace falta un ensayo científico de medio pelo para entender que carece de base científica el rollo ése de que mejora tu equilibrio y estabilidad corporal. Pero no es suficiente, porque la gente quiere creer, en lo que sea, y si encima se lo venden bien, lo convierten en un producto “cool” y consiguen que una serie de tontolabas famosos como futbolistas, presentadores de televisión e incluso tertulianos políticos aparezcan con ella en la muñeca, la moda se convierte en epidemia y los tontolabas de todo el país unen sus voces en una único grito, cuál vuvucela gigante, defendiendo su derecho a ser y parecer idiota. Y lo tienen. Es el derecho universal mejor reconocido en las sociedades de consumo modernas.

El problema es que he convertido a mi pesar, en una prueba irrefutable de que estoy ante un tontolaba, el hecho de ver a alguien con ella puesta. Y si encima intenta convencerte de que funciona, de que no sabe por qué, pero que él se siente mejor, no puedo más que confirmar en silencio mi diagnóstico. Y es peligroso. Porque la plaga se extiende y no sabe uno cuál será el próximo conocido que aparezca con una de ellas puesta y, sorprendido, descubras su verdadera identidad, ésa que siempre pretendió ocultar o tú nunca quisiste apreciar.

23 junio 2010

Fin de curso

Se acaba otro curso y todo indica que también mi etapa en mi destierro rural. Dos años sorprendentes en los que he disfrutado enormemente de mi profesión, a pesar de que la distancia ha sido un tremendo incoveniente en el día a día. Cuando un curso acaba uno no puede dejar de rememorar todos los finales de curso que tuvo en su época de estudiante y en cierta manera una de las mejores cosas que tiene dedicarse a la labor de profesor, es recuperar parcialmente las sensaciones de antaño, absorber la energía que los chicos transmiten y resoplar de alivio después de unas semanas de tensiones, exámenes y calificaciones cuando llega el final de junio. Fin de curso. Game over, again. Por primera vez he repetido instituto y durante dos años he sido el profesor de un mismo grupo de alumnos a los que he guiado por el mundo de la Física. Lo he pasado muy bien. Realmente bien. Me apenan aquellos compañeros que son incapaces de reírse, empatizar y compartir vivencias con los chavales al tiempo que se les exige y se les enseña. A mí afortunadamente me es muy sencillo compaginar ambas cosas y he de reconocer que este año un grupo de cuarto ha hecho que realmente me emocionara en la despedida. Me voy de Colmenar. Buena gente. Buenos compañeros que ya son amigos. Buenos alumnos a los que costará olvidar. No me puedo quejar. O sí... Puñetera oposición...

08 junio 2010

No hago huelga pero...

No hago huelga pero… considero que el recorte de los sueldos de los funcionarios que impone el decretazo del gobierno “socialista” de Zapatero es injusto, equívoco y mezquino. Injusto porque quita el dinero a un colectivo que nunca vio aumentar su poder adquisitivo en época de bonanza, y que es el único que asegura la limpieza fiscal de sus nóminas. Equívoco porque sirve para colocar en el centro del problema económico del país a un colectivo que no supone más que un 9.5 % del total de la población trabajadora, índice éste muy por debajo de la media europea y que no justifica la inquina y la persecución moral que sufre. Y mezquino porque hace pagar parte de los costes de la crisis a quienes por su labor y sueldo nunca tuvieron posibilidad de participar en el festín financiero especulativo al que otros sí acudieron a devorar con ansia.

No hago huelga pero… considero que la reacción social del resto de los trabajadores ante el recorte de sueldo de los funcionarios ha sido, en general, miserable y cicatera, fruto de una animadversión de fuerte raigambre fomentada por el imaginario popular, por una inexplicable envidia que surge fundamentalmente en épocas de crisis como ésta y por los poderes económicos que tratan siempre de introducir sus zarpas en el pastel de los servicios sociales que ofrece el Estado. Esta actitud sólo es entendible si analizamos críticamente la evolución social de los últimos años, el auge del individualismo y la idea del “sálvese quien pueda” que tan útil resulta para mantener a la masa asalariada trabajadora paralizada, sin capacidad de lucha colectiva, expectante. Cada trabajador parece sólo preocuparse por sí mismo, pendiente del movimiento de los cercanos para evitar zancadillas o ponerlas él mismo para medrar y mejorar y, de manera imbécil, sólo parece despertar de su letargo reivindicativo para despotricar de los funcionarios, cerrando los ojos de manera infantil y necia a la necesaria labor que casi todos nosotros realizamos. Ahora no es el momento pero llegará el día donde se tenga que volver a revindicar nuestro trabajo, aún a costa de sacar a la luz y denunciar las miserias de los trabajos de otros y de los beneficios de los de siempre. Será la hora de conseguir el respeto de nuestros iguales, de diferenciarnos y no dejar que nos presenten como funcionarios sin mentar nuestra labor específica y lo que nos costaría esa labor, esos servicios que prestamos, si los realizaran empresas sin competencia pública que nos cobraran por cada uno de esos servicios. No es el momento.

No hago huelga pero… considero que sería bueno recordar que el problema de déficit de España (que no es sólo público sino también de carácter privado) no es posible que haya sido provocado (ni siquiera en un bajo tanto por ciento) por nuestros sueldos. Unos sueldos que en su gran mayoría se sitúan en la media (tirando a la baja si nos atenemos al nivel de formación de muchos empleados públicos) de la del resto de españolitos de a pie. Sería el momento, ahora que tantos tertulianos liberales parecen “olvidar” premeditadamente el origen meramente especulativo de la crisis, de recordar la ayudas millonarias a bancos que siguen sin dar créditos a Pymes que se ahogan ante la cínica mirada del capital global, recordar el gasto en mantener en precario equilibrio los puestos de trabajo del hiperinflado sector de la construcción mediante inyecciones de dinero público a través proyectos como el del Plan E, recordar la pérdida de recaudación a través de los impuestos por la quiebra de la burbuja inmobiliaria y la incapacidad para limitar el fraude fiscal (también el legal, tipo SICAV) o recordar el coste de las ayudas sociales destinadas a paliar la horrorosa plaga del paro que asola el país. Recordar y no olvidar.

No hago huelga pero… espero que los funcionarios no olviden las circunstancias en las que se produce esta bajada de sueldo: la traición de una Administración incapaz y contaminada por infinidad de asesores de confianza política, un Gobierno que raya la ineptitud y no es capaz de tomar medidas alternativas y socialistas a las ya manidas liberales, siempre relacionadas con recortes sociales, pérdidas de derechos laborales y privatización (que son las que tomaría, sin duda, la oposición), y la certeza de que cómo no reaccionemos y reactivemos las luchas colectivas el futuro se presenta desolador.

No hago huelga porque... soy incapaz de salir a la calle a reclamar sólo por lo mío y sólo por mi sueldo y mis condiciones laborales, eludiendo una realidad que nos muestra que los más afectados por la crisis no somos nosotros sino los casi cinco millones de parados, las familias hipotecadas que son incapaces de salir adelante, la gente que trabaja sin cobrar por las deudas que acumulan sus empresas (muchas de estas deudas son impagos de la propia Administración), la gente que ha visto reducido su sueldo unilateralmente bajo amenazas de despido o Expedientes de Regulación, o aumentadas sus horas de trabajo y se mantienen callados, amedrentados al no disponer de paraguas sindicales que los defiendan.

No hago huelga porque… no nos podemos permitir seguir luchando por separado para después mordernos los unos a los otros. Y por ello espero que por una vez los sindicatos cumplan con su parte o seamos capaces de movilizarnos sin ellos para encontrar la manera de descubrir alguna vía de ataque que sirva para canalizar esos sentimientos entremezclados de cabreo, rabia y perplejidad que tienen la gran mayoría de los trabajadores españoles. Estoy a la espera de huelgas generales, globales, indefinidas donde los trabajadores nos unamos de una puñetera vez y levantemos la voz contra este Gobierno débil e inútil, contra una oposición canalla y ventajista, contra un sistema que nos ha dado de lado y ha provocado las mayores brechas en la historia de las sociedades modernas entre ricos y pobres, y contra los poderes fácticos económicos que ejercen de supragobiernos convirtiendo nuestros parlamentos en meros gestores de temas intrascendentes y transformando nuestras democracias en dictaduras blandas gobernadas por el capital.

Y realmente levantemos la voz para hacernos oír.